EL PERIODISMO


Algunos amigos me reprochan que soy muy duro en mis artículos y que casi nunca, o mejor nunca, escribo destacando, elogiando o reconociendo algún hecho o acontecimiento positivo de la ciudad o del País. No tengo otra alternativa: les reconozco  la razón pero, asimismo, debo recordarles que una de las mas importantes misiones del periodismo, si no la primera, es constituirse en la atalaya desde donde se vigile permanentemente la labor del Estado para que no desvíe el rumbo trazado por la Constitución, y se atisbe con cautela el quehacer de la clase dirigente, tan expuesta a las tentaciones que sus propias responsabilidades  generan, con mayor razón, en un medio como el nuestro donde los principios y valores, en general,  han venido perdiendo sus contornos tradicionales, al influjo de la riqueza fácil generada en los mercados de la droga, al amparo cómplice de la lenidad y la corrupción de los servidores públicos, que la misma riqueza produce y retroalimenta. Por eso, no concibo el periodismo divorciado de las gentes del común, o ejercido de espaldas a los  marginados, de los desposeídos, de los explotados; no entendería un periodismo  que no sirva de caja de resonancia de todos aquellos que no tienen audiencia en los salones exclusivos de la aristocracia política, del saber y del dinero, donde se toman las decisiones encaminadas a consolidar la riqueza en manos de los grandes capitalistas, con el reaccionario argumento de que el nivel de vida de los pobres se mejora cuando las arcas de los ricos se rebosan.  

No, amigos. No  resulta fácil dedicarse a repartir aplausos, felicitaciones y reconocimientos, cual alabarderos del éxito, ignorando el deprimente cuadro que la realidad nos muestra a diario. Nadie, con alguna sensibilidad social,  puede pasar por alto que en Colombia existen 20 millones de pobres y 8 millones de indigentes; que la gente muere a la puerta de los hospitales y clínicas, sin recibir atención médica; que más de 500.000 niños sufren de desnutrición crónica; que la autoridad en lugar de proteger los derechos de la comunidad los asalta; que los niños de los pobres son una mercancía de exportación; que un buen número de legisladores son fletados por los dueños de la riqueza, igual que hacen  las mafias del contrabando y de la droga con ciertas autoridades de policía; que hay más de 3 millones de desplazados; que la gente construye con cartones y latas en zonas de alto riesgo porque el Estado no se ocupa de ellos; que se castiga con mayor severidad el hurto famélico que las masacres ejecutadas con moto-sierra; que los banqueros se hacen cada vez más ricos porque son ellos los que ponen las condiciones y manejan la economía del País, etc., etc., etc. Ante este cuadro, pintado a brochazo gordo, consideramos fútil dedicarle un artículo de prensa a destacar, por ejemplo, que algún servidor público es honesto o eficiente, que conocimos un acto administrativo ajustado a derecho, o que un contrato estatal fue celebrado acatando las normas legales. 
 (Publicado en LA OPINION. Sábado 5 de mayo de 2012)

Comentarios

  1. Fernando, a pesar de como tu dices: "Ante este cuadro, pintado a brochazo gordo" esta es la difícil realidad que no se puede ocultar, desafortunadamente no se ven intenciones que realmente puedan a llegar a generar un cambio en la sociedad, pues el problema es más de fondo que de forma, éste país tiene los recursos humanos y financieros para consolidar una política social que permitiera cerrar esa brecha de desigualdad que hoy dia se vivimos y eso que son mas "los buenos que los malos" pero mientras los que tienen el poder no asuman la responsabilidad social como alternativa de cambio SEGUIREMOS EN LAS MISMAS, no me gusta ser pesimista pero si realista y definitivamente debemos estar atentos a seguir exigiendo que se cumplan las normas con el fin de tratar de construir una sociedad con algo más de oportunidad y seriedad.

    Mauricio Zafra Aycardi

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